viernes, 4 de junio de 2010

EL SILENCIO ME MATA

El silencio me mata. Cada segundo de silencio es como una gota de sangre derramada.  No hay peor obstáculo que la oscuridad, no hay oscuridad más negra que el silencio. Ese silencio que acecha y solo te deja sentir tu propia respiración contenida, los pesados latidos del corazón cual gotas de un grifo mal cerrado cayendo a cámara lenta, golpeando gravemente la porcelana blanca, quebrándose en mil gotas más. No puedo encontrar respuestas en la oscuridad, ni escuchar  salidas en el silencio. Por más que mi aliento jalea, buscando un rayo de luz que rasgue el silencio, el eco tan solo me devuelve interrogantes tinieblas que no se interpretar, ¿tan necio soy?  Acostumbrado a encajar las estruendosas embestidas de las mareas, a seguir el camino con mis ojos entrecerrados por la hojarasca que zumba mis oídos, me cuesta tanto esperar el alba. Solo me queda acurrucarme en un rincón de esta oscuridad, angustiado, con el corazón en un puño y aguardar tu luz, porque estoy seguro que vendrás a iluminar la senda que me libere de este limbo. Porque tú eres mi luz, mi guía. Tú eres mi vida, el  talismán que rompe todos los hechizos. Entre tanto colecciono los segundos desangrados en mi reloj,  los recuento una y otra vez anhelando el bálsamo que repare mi alma y que al amanecer encontrare acurrucado en tus brazos.