Pues sí, aquí estoy de rebote. Como Spaces cierra próximamente me derivaron a Word Press. Lástima, me molaba el aspecto pero…. No me resultaba complicado y las fuentes dejan mucho que desear. Si tiene diseños muy chulos pero poco eficaces. Por ello estoy aquí he tardado un poco en traerme todas las entradas y me duele un poco dejarme los comentarios de los amigos, pocos pero muy buenos. En adelante en este blog solo colgaré entradas de carácter sentimental. Es decir intentare colgar emociones y experiencias como si fueran jamones, de este modo siempre puedo volver a releerlas para ver como maduran. Próximamente pienso abrir otros 3 blog más, experiencias 4x4, mi particular punto de vista de la actualidad y la experiencia de nuestra última y enésima locura-proyecto un mini zoológico en casa. Ya os contaré.
martes, 16 de noviembre de 2010
miércoles, 27 de octubre de 2010
La estupidez y la relatividad
En una ocasión Einstein dijo: Solo conozco dos cosas infinitas. El universo y la estupidez humana, y de la primera no estoy seguro.
Ante esta afirmación sobre la estupidez me asalta una vicisitud. ¿Se refiere Einstein a que la calidad de la estupidez humana es tal que no conoce límites? O por el contrario ¿la cantidad de estúpidos que podemos encontrar por el mundo y la progresión de su número en el tiempo, sumando sus grados de idiocia arrojan una resultante insondable?
Olvidemos la primera premisa de momento, ya que la constante superación de los “Estupidus Magnificus” convierte en estériles cualquier intento de medición que nos permita establecer un baremo de estupidez.
Cierto es que si reflexionamos sobre nuestro ámbito social y familiar, ya sea en círculos lúdico-festivos o laborales, seguro que encontramos más de un ejemplar de estúpido indistintamente a tiempo parcial o total. Curiosamente la proporción de estúpidos por metro cuadrado crece alarmantemente cuanto más importante es la concentración de individuos. Podríamos pensar que el estúpido posee una tendencia intrínseca a agruparse (Dios los cría y ellos se juntan). En realidad el motivo es otro. El estúpido por costumbre siente un deseo irrefrenable de seguir al abanderado. Llegados a este punto se produce un fenómeno curioso, que a primera vista pudiera presentarse como un comportamiento contra natura del estúpido y que provocaría la duda a la hora de reconocer al ejemplar como tal. Estamos hablando de “la rebelión del estúpido”. Esta consiste en que en un momento indeterminado el individuo reconoce la estupidez en los demás miembros de la manada, sin llegar a atisbar un ápice en él mismo. Esta última es una propiedad característica del estúpido (Ver la paja en ojo ajeno sin ver la viga en el propio) En ese momento decide convertirse en abanderado, pero claro su propia idiosincrasia le obliga a enarbolar un estandarte claramente impregnado por el hecho diferencial de su propia estupidez. Es decir cuánto más surrealista y estúpida sea la naturaleza de la propuesta que abandera, más adeptos y con más ahínco la seguirán.
No se sabe a ciencia cierta que desencadena este fenómeno. Algunas teorías lo achacan a la concentración alrededor del estúpido rebelde de otro tipo específico de estúpido: “el pelota” o “adlátere”. En cualquier caso si la concentración de “pelotas” junto a un estúpido causara el abanderamiento de este último, se desconoce si es un individuo escogido al azar o por alguna razón. Se nos antoja que es elegido al azar porque en el mejor de los casos, otorgando la capacidad de razonamiento lógico a los estúpidos la el motivo de la elección sería igualmente estúpido, lógicamente.
La misión del “pelota o adlátere” es comerle la oreja al abanderado, decirle lo bonito e inteligente que es y animarle constantemente a seguir diciendo estupideces a la vez que se cantan las estúpidas virtudes del abanderado entre los demás individuos del rebaño. También sofoca cualquier amago de raciocinio con descalificaciones, no sea que a alguien le dé por pensar y se vuelva inteligente. Se trata de un mecanismo de defensa para preservar la estupidez como virtud. De este modo se evita que el abanderado piense, no lo necesita, pues al verse rodeado de tanto estúpido (el estúpido siempre piensa que los demás son más estúpidos que él) no se siente amenazado. Curiosamente el mayor peligro para un estúpido es él mismo, suelen perecer ahogados en su propia estupidez.
Llegado este fatal extremo “Los adláteres” pueden actuar de dos maneras.
1ª volviéndose a agrupar alrededor de otro ejemplar, ni más ni menos bonito ni alto, simplemente diferente, pero igual de estúpido.
2ª Tomado uno de los “pelotas” el relevo creyéndose lo suficientemente especial como para enarbolar la bandera. Es como si una rémora a la muerte del tiburón anfitrión se creyese que es un tiburón, entonces seria un pez payaso. Porque hay que ser payaso para creerte un depredador siendo un carroñero. De aquí la definición de “estúpido payaso” Se reconoce a este último porque al final se queda más solo que la una, agitando ridículamente la bandera de la estupidez y encima se cree que lo hace bien.
A alguien esta disertación le puede parecer una estupidez, pero antes de emitir tal juicio de valor, ha de saber que la idiocia está reconocida en textos legales como atenuante, por tanto se reconoce legalmente su entidad. Sin embargo quizás debiera considerarse un agravante ya que algunos estúpidos lo son con alevosía. A continuación tres tipo de menor a mayor.
-“Estúpido tradicional” Es aquel que apoya su estupidez en que las cosas siempre han sido así. Me pregunto: ¿Así? ¿Así de estúpidas?
-“Estúpido de larga duración” Suele comenzar todas su disertaciones con “Porque YO……” y terminarlas con “…..me avalan más de 15 años de experiencia” Joder más de 15 años haciendo las mismas estupideces. Claro que es como un enfermo en coma, el día menos pensado abre los ojos y sale de la estupidez. Eso si un poco agilipollado.
-“Estupidus Magnificus” Habla como si supiera lo que dice. Dice que sabe bien de lo que habla porque su experiencia supera con creces a cualquier otra, impermeable a la innovación lleva toda la vida haciendo lo mismo. ¡Toda la vida haciendo el estúpido! Es el súmmum de la estupidez. Su alevosía es tan estúpida que parece querer tener el monopolio de esta. ¡Annsiiiiaa!
Ahora observémonos a nosotros mismos. Me pongo como ejemplo. No me considero estúpido. Esto no difiere en nada del los estúpidos catalogados. Si reconozco que en más de una ocasión, más de las deseadas, he cometido estupideces y bien grandes. Esto si difiere y mucho, ya que el estúpido por naturaleza nunca reconoce su propia estupidez. Imagino que muchos de vosotros os habéis identificado conmigo en este párrafo. De esto se deduce que la estupidez es un estado de enajenación mental transitoria. Por ello siempre hay estúpidos, porque cuando uno corrige su conducta otro se sumerge gozoso en la necedad. De esta manera el numero de estúpidos nunca se reduce, es más aumenta, ya que el tipo “estupidus magnificus” es un caso permanente e irreversible.
Por último no sería justo que no aclarase, que la estupidez descrita en este texto no tiene nada que ver con ninguna discapacidad o enfermedad mental diagnosticada. Hablando coloquialmente puedo estar loco o ser anormal pero no soy gilipollas, atributo este que suele ir asociado a la estupidez humana. Todo mi respeto y mi afecto para los que sin ser mejores que nadie nos consideramos simplemente diferentes.
Ante esta afirmación sobre la estupidez me asalta una vicisitud. ¿Se refiere Einstein a que la calidad de la estupidez humana es tal que no conoce límites? O por el contrario ¿la cantidad de estúpidos que podemos encontrar por el mundo y la progresión de su número en el tiempo, sumando sus grados de idiocia arrojan una resultante insondable?
Olvidemos la primera premisa de momento, ya que la constante superación de los “Estupidus Magnificus” convierte en estériles cualquier intento de medición que nos permita establecer un baremo de estupidez.
Cierto es que si reflexionamos sobre nuestro ámbito social y familiar, ya sea en círculos lúdico-festivos o laborales, seguro que encontramos más de un ejemplar de estúpido indistintamente a tiempo parcial o total. Curiosamente la proporción de estúpidos por metro cuadrado crece alarmantemente cuanto más importante es la concentración de individuos. Podríamos pensar que el estúpido posee una tendencia intrínseca a agruparse (Dios los cría y ellos se juntan). En realidad el motivo es otro. El estúpido por costumbre siente un deseo irrefrenable de seguir al abanderado. Llegados a este punto se produce un fenómeno curioso, que a primera vista pudiera presentarse como un comportamiento contra natura del estúpido y que provocaría la duda a la hora de reconocer al ejemplar como tal. Estamos hablando de “la rebelión del estúpido”. Esta consiste en que en un momento indeterminado el individuo reconoce la estupidez en los demás miembros de la manada, sin llegar a atisbar un ápice en él mismo. Esta última es una propiedad característica del estúpido (Ver la paja en ojo ajeno sin ver la viga en el propio) En ese momento decide convertirse en abanderado, pero claro su propia idiosincrasia le obliga a enarbolar un estandarte claramente impregnado por el hecho diferencial de su propia estupidez. Es decir cuánto más surrealista y estúpida sea la naturaleza de la propuesta que abandera, más adeptos y con más ahínco la seguirán.
No se sabe a ciencia cierta que desencadena este fenómeno. Algunas teorías lo achacan a la concentración alrededor del estúpido rebelde de otro tipo específico de estúpido: “el pelota” o “adlátere”. En cualquier caso si la concentración de “pelotas” junto a un estúpido causara el abanderamiento de este último, se desconoce si es un individuo escogido al azar o por alguna razón. Se nos antoja que es elegido al azar porque en el mejor de los casos, otorgando la capacidad de razonamiento lógico a los estúpidos la el motivo de la elección sería igualmente estúpido, lógicamente.
La misión del “pelota o adlátere” es comerle la oreja al abanderado, decirle lo bonito e inteligente que es y animarle constantemente a seguir diciendo estupideces a la vez que se cantan las estúpidas virtudes del abanderado entre los demás individuos del rebaño. También sofoca cualquier amago de raciocinio con descalificaciones, no sea que a alguien le dé por pensar y se vuelva inteligente. Se trata de un mecanismo de defensa para preservar la estupidez como virtud. De este modo se evita que el abanderado piense, no lo necesita, pues al verse rodeado de tanto estúpido (el estúpido siempre piensa que los demás son más estúpidos que él) no se siente amenazado. Curiosamente el mayor peligro para un estúpido es él mismo, suelen perecer ahogados en su propia estupidez.
Llegado este fatal extremo “Los adláteres” pueden actuar de dos maneras.
1ª volviéndose a agrupar alrededor de otro ejemplar, ni más ni menos bonito ni alto, simplemente diferente, pero igual de estúpido.
2ª Tomado uno de los “pelotas” el relevo creyéndose lo suficientemente especial como para enarbolar la bandera. Es como si una rémora a la muerte del tiburón anfitrión se creyese que es un tiburón, entonces seria un pez payaso. Porque hay que ser payaso para creerte un depredador siendo un carroñero. De aquí la definición de “estúpido payaso” Se reconoce a este último porque al final se queda más solo que la una, agitando ridículamente la bandera de la estupidez y encima se cree que lo hace bien.
A alguien esta disertación le puede parecer una estupidez, pero antes de emitir tal juicio de valor, ha de saber que la idiocia está reconocida en textos legales como atenuante, por tanto se reconoce legalmente su entidad. Sin embargo quizás debiera considerarse un agravante ya que algunos estúpidos lo son con alevosía. A continuación tres tipo de menor a mayor.
-“Estúpido tradicional” Es aquel que apoya su estupidez en que las cosas siempre han sido así. Me pregunto: ¿Así? ¿Así de estúpidas?
-“Estúpido de larga duración” Suele comenzar todas su disertaciones con “Porque YO……” y terminarlas con “…..me avalan más de 15 años de experiencia” Joder más de 15 años haciendo las mismas estupideces. Claro que es como un enfermo en coma, el día menos pensado abre los ojos y sale de la estupidez. Eso si un poco agilipollado.
-“Estupidus Magnificus” Habla como si supiera lo que dice. Dice que sabe bien de lo que habla porque su experiencia supera con creces a cualquier otra, impermeable a la innovación lleva toda la vida haciendo lo mismo. ¡Toda la vida haciendo el estúpido! Es el súmmum de la estupidez. Su alevosía es tan estúpida que parece querer tener el monopolio de esta. ¡Annsiiiiaa!
Ahora observémonos a nosotros mismos. Me pongo como ejemplo. No me considero estúpido. Esto no difiere en nada del los estúpidos catalogados. Si reconozco que en más de una ocasión, más de las deseadas, he cometido estupideces y bien grandes. Esto si difiere y mucho, ya que el estúpido por naturaleza nunca reconoce su propia estupidez. Imagino que muchos de vosotros os habéis identificado conmigo en este párrafo. De esto se deduce que la estupidez es un estado de enajenación mental transitoria. Por ello siempre hay estúpidos, porque cuando uno corrige su conducta otro se sumerge gozoso en la necedad. De esta manera el numero de estúpidos nunca se reduce, es más aumenta, ya que el tipo “estupidus magnificus” es un caso permanente e irreversible.
Por último no sería justo que no aclarase, que la estupidez descrita en este texto no tiene nada que ver con ninguna discapacidad o enfermedad mental diagnosticada. Hablando coloquialmente puedo estar loco o ser anormal pero no soy gilipollas, atributo este que suele ir asociado a la estupidez humana. Todo mi respeto y mi afecto para los que sin ser mejores que nadie nos consideramos simplemente diferentes.
viernes, 22 de octubre de 2010
COMPRENSIÓN LINGUISTICA Y ALCOHOLISMO
Recuerdo que en este país cuando yo era pequeño (hará unos 40 y tantos años), oía en el telediario que aun había un importante porcentaje de analfabetos (que no sabían leer y mucho menos escribir). Hoy creo que el analfabetismo en este país se ha erradicado. Pero no ser un analfabeto, haber recibido una educación digna (léase E.G.B), juntar en la cabeza cuatro conceptos sobre cuatro palabras escritas en un papel, no implica necesariamente que sepas leer. No obstante, entiendo que toda persona que entra en este blog está capacitada para hacerlo pero me constan casos que suscitan la duda. O en el mejor de los casos sugiero no leer este blog si la tasa de alcoholemia supera el 0,8% en sangre. ¡Por menos la guardia civil te denuncia!
viernes, 4 de junio de 2010
EL SILENCIO ME MATA
El silencio me mata. Cada segundo de silencio es como una gota de sangre derramada. No hay peor obstáculo que la oscuridad, no hay oscuridad más negra que el silencio. Ese silencio que acecha y solo te deja sentir tu propia respiración contenida, los pesados latidos del corazón cual gotas de un grifo mal cerrado cayendo a cámara lenta, golpeando gravemente la porcelana blanca, quebrándose en mil gotas más. No puedo encontrar respuestas en la oscuridad, ni escuchar salidas en el silencio. Por más que mi aliento jalea, buscando un rayo de luz que rasgue el silencio, el eco tan solo me devuelve interrogantes tinieblas que no se interpretar, ¿tan necio soy? Acostumbrado a encajar las estruendosas embestidas de las mareas, a seguir el camino con mis ojos entrecerrados por la hojarasca que zumba mis oídos, me cuesta tanto esperar el alba. Solo me queda acurrucarme en un rincón de esta oscuridad, angustiado, con el corazón en un puño y aguardar tu luz, porque estoy seguro que vendrás a iluminar la senda que me libere de este limbo. Porque tú eres mi luz, mi guía. Tú eres mi vida, el talismán que rompe todos los hechizos. Entre tanto colecciono los segundos desangrados en mi reloj, los recuento una y otra vez anhelando el bálsamo que repare mi alma y que al amanecer encontrare acurrucado en tus brazos.
domingo, 25 de abril de 2010
En ocasiones los deseos se cumplen
Dicen que debemos poner especial cuidado con nuestros deseos, porque en ocasiones los deseos se cumplen. Yo pienso que más que poner cuidado con el objeto de lo que deseamos debemos recapacitar sobre si realmente es lo que deseamos. Si aquello que más ansiamos es lo que nos colmará de felicidad. Preguntaros que pediríais al genio de la lámpara maravillosa os concediera un deseo un solo deseo. Obviamente ser feliz es el fin último de nuestros deseos. Pero ¿Qué es aquello que nos hace felices? Una sola cosa que nos diera la absoluta felicidad. ¿La eterna juventud? ¿Salud de hierro? ¿Fortuna económica? ¿Nos haría felices la felicidad de los demás? ¿Y la desgracia? ¿Satisfacer nuestros más bajos instintos?
Desde siempre he pensado que si deseas algo con todas tus fuerzas se cumple. Por ello creo que no me toca la lotería. Porque agote mi cupo de buena suerte. Porque el mayor deseo que tenía se cumplió. Se cumple cada día, una y otra vez. Cada amanecer, cada vez que vuelvo al hogar, cada sonrisa que me brinda Baas, cada vez que coloco los vasos en el friegaplatos correctamente (Las tarteras lo he dejado por imposible).
Curiosamente el mayor de mis deseos además de llenar mi vida de felicidad lo hace de preocupaciones, cuando enferma, cuando el géminis que lleva dentro decide amenizar el día jugando a la ruleta rusa con nuestras ilusiones. Con ello te das cuenta que los valores absolutos no existen, que la felicidad absoluta no existe, que la salud o la fortuna no significa nada si no es compartiéndola. Que la vida en si es plena si tiene luces y sombras. En esas sombras serás feliz si las cruzas de la mano de alguien, de alguien que te susurra baladas al oído, que te lleva el desayuno a la cama después de una excepcional tanda de trabajo, que unas veces te alborota con arranques de vitalidad y otras te ofrece su regazo dónde descansar a salvo. Alguien que te aguarda cada día en el umbral de la puerta para recibirte con un beso, que te brinda sus mejores caricias y besos.
En definitiva, cuidad lo que deseáis. Porque se cumple, a mí se me cumplió. Sí, sigo siendo “pobre”, trabajando más de 12 horas al día, más de 24 días al mes, todos los días me duele algo más, cada día estoy más calvo y más viejo. Sin embargo no creo que nada me proporcione más felicidad que Baas. Quizás no sea una Top model, ni la chica más bonita del mundo, pero sinceramente a mi me lo parece. Quizás no sea una rica heredera, pero junto a ella el dinero toma otro valor menos transcendente. Quizás a veces sea una insensata revolera, os juro que es una delicia que me da la vida.
sábado, 13 de marzo de 2010
III Aniversario
Un 6 de Marzo de hace 3 años, el desayuno en aquel bar se convirtió en algo muy especial. Café con croissant a la plancha, nada del otro mundo. Me podía haber servido cualquier otra cosa, una infusión de boquerones o un bocata de lentejas, hubiera sido igual de especial. El motivo fue que tú estabas al otro lado de la mesa, inundando todo con tu sonrisa y energía. Desde entonces y durante estos tres años, cada desayuno en tu compañía ha sido todo un acontecimiento. Y así deseo que sea durante muchos desayunos más. Espero que el que te sirvieron el miércoles en la oficina fuera tan especial como los que conmigo compartes. Feliz III aniversario.
jueves, 4 de marzo de 2010
Y VAN TRESSSS!!!!!!
DESPUES DE TRES AÑOS DE FELICIDAD, SOLO PUEDO DECIR DOS COSAS:
1º ¡GRACIAS!
2º ¡TE QUIERO CON LOCURA!
viernes, 8 de enero de 2010
No escrito
Hace meses que no te escribo nada, que me cuesta pensar que escribirte y esto me da que pensar. Quizás es que hubo un tiempo en que te quise como no estaba escrito y por ello yo, lo escribí para ti. Ahora se acabaron las palabras que dejaron paso al sudor y las lágrimas. El sudor del esfuerzo del día a día por seguir adelante, las lagrimas de las frías noches de invierno que no te tengo junto a mí. Y es que si un día te quise como no estaba escrito y yo, lo escribí para ti, hoy te quiero como nunca jamás nadie podría escribir pero yo lo siento por ti.
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