Dicen que si a partir de los cuarenta una mañana te despiertas y no te duele nada es que estas muerto. Parece que el dolor forma parte importante de la vida, “me duele luego existo”. Nacemos con dolor, con sufrimiento y nuestra primera acción en la vida es el llanto. Las más de las veces morimos también con dolor o tras una dolorosa o penosa existencia. A lo largo de nuestra vida se suceden periodos de felicidad y dolor cíclicamente. A un periodo de guerra y muerte le sucede otro de paz y prosperidad. A una epidemia le sucede una vacuna y así durante toda nuestra vida. Esto nos lleva a pensar que, no hay mal que dure cien años y que igualmente la felicidad es efímera. Para que nos entendamos, “Hoy hace un día maravilloso, veras como viene alguien y lo jode”. En conclusión, el carácter real de las cosas se determina por la capacidad que causar o dolor, algo existe si posee en mayor o menor medida cierto potencial causante de dolor y sufrimiento. ¿Entonces tú no existes? Tú que solo me proporcionas momentos felices. ¿Eres real? Mi único pesar es la distancia que las realidades ponen entre tú y yo. Y, ¿Por qué será? Que lo único que me parece real en esta vida eres tú. No puede ser que cosas bellas causen males, tú eres bella y no lo haces. No puede ser que las personas, que ríen, tienen sentimientos, sangran y aman como nosotros sean capaces de querer hacernos daño. Tú no eres diferente a ellos y eres especial porque nunca me harías daño. No puede ser que en este mundo tan maravilloso esté arraigado el dolor como un cáncer inextirpable. No puede ser real. Quizás lo único real seas tú, lo único real sea mi amor por ti, quisiera que lo único real fuese que me quieres.
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