martes, 23 de octubre de 2007

¿TENGO CARA DE DELINCUENTE?

Estoy harto de que me traten como un delincuente. ¿Debería ir con el certificado de penales a repostar gasolina o cuando paso por caja en el hipermercado? Porque con el DNI ya vamos, solo nos falta llevarlo entre los dientes y con los brazos remangados y en alto. ¿Es que tengo cara de delincuente? Bueno pudiera ser que la tuviera pero... Como es aquello de que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Ah, no. Que en este país no. No sé en otros pero aquí, menos los políticos que no dimiten ni a empujones, todo el mundo somos culpables hasta que no demostremos nuestra inocencia y aún así quedaran dudas.
 Vamos a  ver, cuando te acostumbran de una vez a que te sirvas tú la gasolina, van y te hacen pagar primero, por si te vas corriendo después de repostar. --¿Cuánto va a repostar?--  ¡Yo que coños sé, joder! Pues lleno no sé 40 litros, 45. – Bueno pues en ese caso déjeme la tarjeta y luego le cobro.—  O sea que no se fía de mí el pájaro y me tengo que fiar yo de él. (Pobre hombre al fin y al cabo es un currito que hace lo que le ordenan) Y una mierda te dejo yo mi tarjeta a ti un desconocido (no es nada personal). Al final, cuando vayas a un restaurante  a celebrar la comunión del niño te van a pedir que pagues por adelantado no sea que los 50 comensales se den a la fuga después de comer. Imagínate a la abuela con la silla de ruedas en pleno acto delictivo.
Pues no te digo nada ya de los centros comerciales, arcos de seguridad por todos los lados. Coño que como no te hayan desprotegido correctamente algo que has comprado te  persigue toda la tarde la canción de los pajaritos de Mª Jesús y su acordeón interpretada por las alarmas de las tiendas de moda. Vamos que parece que te has tragado una tragaperras.
¿Y las grandes superficies que? Para empezar te fichan la matricula del coche en el parking. No solo no se conforman que trabajes tu por ellos que te pegas una paliza a recorrer el hiper para dejarte una pasta, incluso últimamente he visto que pretenden que te marques tú la mercancía en la caja y luego una señorita cobra a tres o cuatro pardillos que tragan. En los probadores que cuantas prendas llevas, y te dan una chapita con el numero de prendas que llevas para probarte. Como el numero de las chapitas solo llegan hasta el 5, pues solo tienes 5 oportunidades  para acertar con la prenda que te sienta bien, en caso contrario vuelta a empezar y a esperar la cola del probador. Que si pase las prendas por aquí, que si por allí no que pita. Cuando pita todo el mundo te mira y tu pones cara de no saber que pasa. Pues eso que a la que sales por caja, que me enseñe usted el interior del bolso, tu que ya has aprendido no llevas bolso al hiper. Que si entre las cosas que has comprado hay alguna susceptible de camuflar algo que no desees pagar la cajera lo desmonta, con la consiguiente perdida de tiempo. ¡Coño! Y yo que iba al hiper para ahorrarme tiempo. Que si ahora le quita el chivato a las prendas textiles. Que si  una se ha atascado y no sale. Mientras el de seguridad pasea línea de cajas arriba y abajo con cara de asesino en serie. Que al final llama la cajera al de seguridad porque el chivato no se quiere desprender. Mira pues el asesino en serie sabe sonreír, pero maldita la gracia que ha tardado otros 10 minutos en abrir el chivato. Por fin, la cuenta. –¿Efectivo o tarjeta?—Y tu ya estas preparado con tu master y tu flamante documento nacional de identidad. Joder que la master card no va. –Me da denegada, señor—Tu ya con el retraso que llevas, el agobio, y la manera de tratarte en estos sitios como sospechoso permanente, estas de un mosqueo del 15. Vale da igual sacas la Visa aunque te venga como una patada en los cojones para el mes que viene. –No me la lee señor, debe estar rayada la banda magnética--  Y claro ya explotas ¡Que rayada ni que niño muerto! ¡Tú si que estas rayada con ese piercing que te atraviesa las neuronas!  Estas apunto de dejar toda la compra ahí encima de la cinta y que le den. Vuelve el de seguridad al reclamo del follon y ahora si que tiene cara de asesino en serie de verdad. Te calmas y dices: Vale aguanta un momentito que veras como en el cajero si va la Visa y te pago en efectivo.  Introduzca su tarjeta, introduzca su clave. ¡Joder la clave! Clave para la tarjeta, para el pin del móvil, para el ordenador del curro, para el messenger, para la carpeta de archivos guarros que tienes en el PC de casa y no quieres que los vean tus niños. Y cada una diferente, 4 o 8 o 16 caracteres, con números, sin números, con minúsculas, con mayúsculas. Por fin te viene a la cabeza esa fecha tan difícil de olvidar 95/96, la temporada del doblete del aleti ¡Claro! Vas con tu dinerito fresquito y con mas cabreo todavía por los 24€ de comisión que te ha sacudido el cajero. Y cuando crees que ya esta, va la cajera y se dedica a pasar todos los billetes por el detector de falsos. ¡Todos! ¡Hasta los de 5! Coño que lo acabo de sacar del cajero que me has visto. En ese momento me siento como un delincuente con la condicional. Menos mal que el avión lo tomo de pascuas a ramos que si no salgo en el Madrid Directo.Estoy harto de que me traten como un delincuente. Estoy harto de pagar el pato de la inoperancia de nuestro estado que se supone me debe proteger a mí que pago los impuestos. Oiga que los delincuentes esta ahí fuera que yo vengo a comprar. Y nuestros políticos, me da igual del color que sean, se dedican a discutir sobre la conveniencia o no de la ley de memoria histórica. Por cierto a la vista de esto, alguno diría: “Con Franco se vivía mejor” Pues no, mira no se vivía mejor, en absoluto. Y nunca me volvería atrás. Pero mi memoria histórica me dice que todo era más sencillo.

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