Magia, todos creímos en ella mientras fuimos niños. A golpes de desilusión fuimos perdiendo la fe en ella. A pesar de lo cual siempre nos pareció ver aún algún indicio de su existencia en el lugar más insospechado, en el momento más inoportuno, que en nuestros ojos encendía el brillo de la magia que un día tuvimos. Quizás nunca dejamos de creer, solo que practicamos nuestra infancia en la intimidad, en soledad invocamos su mágica presencia, luego a la luz, nos sentimos algo ridículos tras comprobar que tan solo la nostalgia nos queda de aquella. Pues creedme que no, creed que existe, creed que la reencontré, creed que vuelvo a mi patria, mi infancia, mi libertad. Creed que la hallé por supuesto en el lugar más insospechado, no sé si el momento más inoportuno, fue el momento que fue. Cuando ella quiso que fuese. Anoche hizo un año. Una noche mágica, porque eterna vive en mi recuerdo. Porque no sé cómo sucedió, me deje llevar embriagado del aroma de la cera derritiéndose por la cálida luz de las velas, por el sabor del vino dorado bailando en las copas. Por su voz envolviendo mis oídos y anulando mi sentido. Reconocí la magia en el brillo de unos ojos que a su vez encontraban lo mismo en los míos. En unos labios trémulos indecisos que no sabían que era lo que estaban haciendo pero si sabían que querían hacerlo. Un año hizo anoche de ello, desde entonces cada mañana por encima de la taza de humeante café, a través de su aroma, vuelvo a ser niño y acaricio la magia cada nuevo día con tierna mirada y con la misma ternura soy hombre besando sus labios con firme pasión. Esa es la esencia de la magia, volver a ser niño cada mañana, amar como te amo desde hace un año, sentir que nada la disipa, recordad no se puede destruir lo que no existe. Es la ventaja que tenemos los locos enamorados tocados por la magia, no tiene cura, nada puede arrebatarnos lo que tanto amamos, no nos pueden robar lo que dicen que no tenemos. Pero yo sé que existe, yo la abrazo cada mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario