sábado, 4 de agosto de 2007

Una ventana un vida

Más de una noche me he quedado mirando  las fachadas de los edificios, nada especial. Pero las neuronas se me erizan cuando empiezo a fijarme en las ventanas iluminadas, cada una de ellas implica que existe alguna forma de vida, una historia de una vida como la que podamos tener nosotros mismos. Vidas parecidas pero universos diferentes. Todas provistas de sus dramas, mezquindades, alegrias, triunfos, etc. Pero ninguna igual a otra. Vidas, historias, biografías como gotas de agua nos pueden parecer idénticas pero todas absolutamente todas diferentes. La luz de cada ventana es diferente porque la alumbran vidas distintas. Semejantes en los aspectos cotidianos pero nunca iguales,  porque cada ser tiene su mundo y es suyo con sus perspectivas, sus sueños. Pero a veces el ser humano egoísta mira con recelo la ventana del vecino y si su luz es más brillante busca un punto oscuro en vez de preocuparse por dar  un mayor brillo a la luz de su ventana, limpiar sus cristales o lavar esos visillos ocres del polvo que el pasar del tiempo pacientemente va depositando sobre ellos.  Puede que un día desde una ventana oigas en la tuya. ¿Porque miras con recelo las otras ventanas no ves que la tuya es igual de resplandeciente? Esa voz te desconcierta, no te lo esperabas, piensas, “se están compadeciendo de mi, se habrá pensado que es el centro del universo. Y entonces intentas apagar la luz de tu vecino, hacerle sombra con tus cortinascomentarios que enturbien su ambiente. Solo aquellas personas que saben aprender de los demás, se dan cuenta que la luz de cada ventana de uno mismo es la que debemos de cuidar. Es la que nos da calor y nos acerca a los demás. No es cuestión de ser mejor, más listo, más inteligente, más divertido, más vivaz, es cuestión de ser tu mismo, de brillar con tu propia luz.
 Baas y Jess 

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