Hoy, después de hablar con una buena amiga forense, recapacité sobre lo duras que son algunas profesiones. Si, efectivamente es duro hacer la autopsia de un bebé o de un joven fallecido en un accidente de trafico. Todo es cuestión de enfoque, desproveer al fallecido de todo atisbo de humanidad y afrontar la labor profesional ante un conjunto de vísceras y órganos en los que hallar algunas respuestas. No es que el profesional sea un ser insensible desprovisto de sentimientos, nada más lejos de la realidad, solo que es consciente de la transcendencia de su trabajo y de que alguien debe de hacerlo. Por la misma razón de enfoque existe tanta gente dispuesta a disparar con un arma de fuego a cualquier ser. Para ejecutar un buen disparo sobre un blanco hay que enfocar únicamente el alza y el punto de mira, debes ver con total nitidez estos elementos de puntería y enrasarlos sobre el centro del blanco que queda desenfocado en segundo plano. Con esta premisa el objetivo de nuestro disparo queda desprovisto de cualquier otra consideración que no sea la de un blanco. Una persona desenfocada, para su ejecutor carece de rostro, edad, etc... carece de historia, no podemos imaginar si tiene familia, incluso vida propia o tan solo es una marioneta. Quizás la diferencia entre la vida y la muerte solo sea cuestión de enfoque.
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