Cuando era un niño, me pasaba el día esperando algún acontecimiento que cambiara radicalmente mi entorno, por tanto mi aburrida vida. Mi infantil imaginación volaba recreando todo tipo de catástrofes que veía en el cine o la televisión, que si grandes terremotos, que si invasiones extraterrestres, que si guerras termonucleares, en las cuales me erigiría como un héroe aun a costa de mi vida. Más adelante, siendo un adolescente, acudía al instituto con mi chaqueta de pana, y el diario El País en el bolsillo izquierdo trasero de mis pantalones vaqueros. Quería saberlo todo, quería opinar de todo, consciente de los grandes acontecimientos que habían comenzado siendo aun un niño y que estaban cambiando la historia. Que si el 23-F, que si el primer gobierno socialista de la democracia, que si la expropiación de Rumasa, que si el mundial de fútbol. Continuando el transcurrir de mi vida, aun joven y recién casado, seguía leyendo El País pero, mi atención se centraba en las paginas de economía, en otros acontecimientos que también influían en mi entorno (¡y de que manera!) Pero ante los cuales no podía nada más que verlos venir. Que si el IPC, que si el índice de paro, que si el MIBOR (ahora EURIBOR). Desde entonces hasta la actualidad ocurren muchos y variopintos acontecimientos que si bien influyen en mi vida cotidiana no cambian sustancialmente su esencia, trabajar y pagar (a veces creo que mi madre me trajo al mundo solo para esto, trabajar y pagar). De este periodo si quiero y tengo el deber de reseñar el nacimiento de mis dos hijos. Los acontecimientos que más alegrías me han proporcionado enterrando incluso las preocupaciones que pudieran haber causado y causarán. Pero los hijos no nos pertenecen, son hijos de la vida, tienen su propio destino. Por lo cual, te proporcionan las mayores satisfacciones y preocupaciones, pero nada más porque nada nos deben. Quizás nosotros a ellos sí, por lo menos más de una explicación. Hoy en día, disponemos de tropecientasmil emisoras de radio, chiquicientasmil emisoras de televisión, puñados de publicaciones de toda índole, cifras astronómicas de webs. Si te das un repaso aunque solo sea haciendo zapping a la hora de los informativos (¡Já!) por las cadenas de televisión llegas a la conclusión de que no entiendes que coños es lo que esta pasando. Así que he optado a vivir de espaldas a la sociedad mediática. Que si va a colisionar un meteorito gigante con nuestro planeta, ¡Ya me enterare cuando me caiga en la cabeza!. Que si suben los tipos de interés ¡Que me busque el banco, a ver si me encuentra! Me dedicaré a escuchar los acontecimientos que trae el viento. El viento que me trae los susurros de tu voz, el viento que se lleva el susurro de tu nombre, el viento que solo me deja el eco de tu recuerdo.
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