martes, 20 de marzo de 2007

No diré nunca más una palabra de más

Tu silencio, fría noche de invierno, solo tu recuerdo es cálida caricia que reconforta al guerrero.  Oscura noche sin luna, solo restos del eco de tu voz en mis oídos perduran. Las alimañas en las tinieblas acechan ocultas, entre ellas sigiloso corro a tu encuentro. Al asalto nos entregamos al saqueo de nuestros sofocados cuerpos. Mi sangre recorre tus venas, tu boca expira el aire de mis pulmones, mi sudor hierve de tus poros, un solo caballo desbocado nuestros corazones. Luego jadeantes al amanecer, con el corazón desnudo, los amantes furtivos escapan con las primeras luces el alba, entre las ultimas sombras de la noche.

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