Cuando tú recuerdo se sienta a mi lado, las palabras desbordan mi mente, borbotones de ideas atropellándose salen de mis labios. Y mis manos, inventan retorcidos garabatos con vocación de lenguaje sobre el gran blanco. Se me vierten las palabras sobre el piso. Debo andar con cuidado y no quebrar alguna con mis pies. Con suma cautela selecciono, aquellas que mejor encajen en mi particular lenguaje. Tarea nada fácil, pues lenguaje no escrito, ni a ortografía, ni a fonética responde. Como hacer que encaje, el vuelo de la mariposa, el susurro de la neblina o el brillo de las trémulas gotas de rocío en los pétalos de la rosa. Como hacer encajar tu sonrisa de la mañana escondida tras el aroma del café, como encajar la sintaxis de tu hechizante voz o la luz de tu pelo, desafío del orden semántico. Como hago encajar todo ello en la gramática del corazón. Si no se habla con la boca, que se hace con el alma. Que se escucha con los sentimientos y no con los oídos. Que tantas emociones existen así letras tiene su abecedario, pero su única vocal es el roce de tus labios.
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